Júpiter. – No soy tu rey, larva desvergonzada. Entonces, ¿quién te ha creado?
Orestes. – Tú. Pero no debías haberme creado libre.
Júpiter. – Te he dado la libertad para que me sirvas.
Orestes. – Es posible, pero se ha vuelto contra ti y nada podemos ninguno de los dos.
Júpiter. – ¡Por fin! Ésa es la excusa.
Orestes. – No me excuso.
Júpiter. – ¿De veras? ¿Sabes que esa libertad de la que te dices esclavo se asemeja mucho a una excusa?
Orestes. – No soy ni el amo ni el esclavo, Júpiter. ¡Soy mi libertad! Apenas me creaste, dejé de pertenecerte.
(SARTRE, Jean-Paul. “Acto tercero, escena dos” en su: Las moscas. Trad. de Aurora Bernárdez. Buenos Aires, Losada, 2001, pp. 62-63)

2 comments
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Septiembre 22, 2008 a 6:47 pm
Malena
Cada vez que Sartre habla de libertad me emociona. Aunque sus textos metafísicos – particularmente las discusiones con Heridegger – dejan mucho que desear, lo defiendo por esa fantástica capacidad para hacernos sentir orgullosos de ser libres.
Septiembre 29, 2008 a 8:11 pm
Vladimir Ulianov
El efecto que quería causar Sartre con su teoría de la libertad era el “contrario” a la ingenua emoción, dejo del embelesamiento humanista liberal y su doctrina de la libertad ideológica (en el sentido marxista). La libertad sartreana es una descarada nada angustiante; lo que otorga verdad a la libertad (en el pleno sentido hegeliano) es la negación determinada que ejerce sobre ella el “compromismo”, la verdad de la libertad es el compromiso.