Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna otra cosa; alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo.
El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.
Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, hermano mío, a la que llamas <<espíritu>>, un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón.
Dices <<yo>> y estás orgulloso de esa palabra. Pero esa cosa más grande aún, en la que tú no quieres creer, -tu cuerpo y su gran razón: esa no dice yo, pero hace yo.
(NIETZSCHE, F. “De los despreciadores del cuerpo” en su: Así habló Zaratustra. Trad. de Andrés Sánchez Pascual. Madrid, Alianza, 1972, p.60)

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